jueves, 11 de diciembre de 2008

El Derecho a la Vida en el 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

El día ayer 10 de diciembre se cumplió el 60 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada en el año 1948 por la Asamblea de la Naciones Unidas. Aunque no son los únicos, es consenso reconocer como antecedentes históricos de la Declaración Universal, la Declaración de Virginia, Estados Unidos de 1776, y la Declaración de los Derechos del Ciudadano, de la Revolución Francesa del 26 de agosto de 1789.

En nuestra América, ese mismo año de 1948, en abril, se realizó la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre, en cuyo preámbulo se establece: "El cumplimiento del deber de cada uno es exigencia del derecho de todos… Si los derechos exaltan la libertad individual, los deberes expresan la dignidad de esa libertad."

Esta declaración que celebramos se formula al concluir la segunda guerra mundial, motivando que en su preámbulo se afirme con mucha fuerza: "Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra, y de creencias..."

Obviamente, que aquello fue una mera declaración de buenas intenciones, de las que está empedrado el camino del infierno según Dante. En la batalla por la vida, la muerte a salido airosa. Los profetas de la muerte, multiplicaron por varios millones la siembra de cadáveres sobre la tierra en estos últimos sesenta años.

Si bien reconocemos que esos derechos esenciales al ser humano siguen siendo el horizonte hacia el cual se camina, diariamente debemos apostar a aquellos derechos que son la piedra angular de todos los otros. En el artículo 3 se declara: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”; y en el artículo 25: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar… La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales…”

El derecho a la Vida no es solamente a sobrevivir, sino a que esta Vida se pueda desarrollar integralmente en plenitud, consagrando asimismo en el artículo 22 los derechos económicos, sociales y culturales; en el articulo 26, el derecho a la educación; en tanto en los artículos 22 y 23 el derecho al trabajo y a la seguridad social.

Desde hace varias décadas, los uruguayos somos una especie en extinción. La tasa de natalidad es cada vez más baja. La mayoría de los niños son sometidos a una vida indigna, sumidos en la pobreza. Los jóvenes en cuanto pueden se van del país a buscar mejor suerte en otras latitudes. Las mujeres, la mayoría madres jóvenes, perseguidas y oprimidas, siguen muriendo víctimas de violencia doméstica.

La llamada Ley de Salud Sexual y Reproductiva, aspira a permitir el aborto en las doce primeras semanas de embarazo en casos de problemas económicos, familiares o de edad, razones de salud, malformaciones o peligro de vida de la madre.

En vez de discutir cómo estimular la maternidad y la buena educación, se hace una tormenta de la penalización o no del aborto, mientras los derechos a la Vida, y a la Vida Digna, siguen siendo relegados.

Si bien son derechos que no dependen de los votos de nadie, están ligados a la naturaleza humana, y deben sí tener un reconocimiento legislativo básico, recreando una nueva Ley Madre, que reconozca (en lo económico, en lo social y en lo político) el rol sustancial y estratégico de la maternidad y paternidad conjugados, en la construcción de la comunidad y de la nación.

La vida es sagrada y hoy más que nunca hay que subrayarlo, cuando parece que la vida no vale nada. Ya Hipócrates, hace 2.500 años atrás, como médico juraba y legaba a la humanidad: "No daré ninguna medicina mortal, ni siquiera cuando me la pidan; además no daré consejos al respecto, ni facilitaré a ninguna mujer el aborto".

Uruguay, país de burgueses y pequeños burgueses mediocres, institucionalizó la limosna soberbia a la vida (hogar constituido, asignaciones familiares, prima por casamiento, prima por nacimiento, canastas familiares, merenderos, comedores, Panes, etc. etc.); evitando, generalmente por razones políticas electorales, reconocer el derecho a una vida digna a las madres y padres uruguayos, siendo como son, los formadores de las nuevas generaciones, por ende del país, del mundo actual.

Si logramos avanzar en la implementación de los derechos a la Vida, y fundamentalmente, a la Vida Digna, sin duda que todos los otros vendrán por añadidura, en una sociedad humanista, fraterna, libre y en expansión natural de la vida.