En la mañana de hoy miércoles, el gobierno departamental presenta la programación oficial del carnaval riverense 2009. Como ocurre habitualmente el mismo es precedido de discusiones y deliberaciones a todo nivel, acorde con las expectativas que crea la mayor fiesta popular del año.
Más allá de las cuestiones de orden práctico y económicas, es interesante como coinciden las opiniones a la hora de destacar los objetivos últimos de la fiesta y el interés manifiesto de resaltar aquellas características específicas del carnaval riverense que son en definitiva los grandes puntos de atracción turística y popular.
Rivera, históricamente, es quizás la única región de América del Sur, donde el sincretismo cultural adquirió carta de ciudadanía. Cosmopolita en sus orígenes y en su desarrollo, es la única frontera política, que ha tomado de los grandes centros de poder hegemónicos todo lo que ha creído oportuno y creativo, y lo adapta a sus condiciones particulares.
Recordamos que el sincretismo, empleado habitualmente como adjetivo, es la expresión de aquellas doctrinas filosóficas o religiosas, caracterizadas por pretender conciliar diversas doctrinas, diferentes e incluso contradictorias en sus contenidos. Rivera, creada por inmigrantes en la segunda mitad del siglo XIX, es una comunidad que supo articular y conciliar, de acuerdo a las condiciones y necesidades de su historia, la cultura criolla o nativa, la europea en particular de España y Portugal, y obviamente la guaranítica, libanesa, occidental y oriental. Si bien mayoritariamente cristiana, es una sociedad abierta a todas las corrientes religiosas, filosóficas y políticas.
El Carnaval fue, es y posiblemente lo seguirá siendo, una de sus expresiones colectivas, culturales más representativa. Es sin dudas una fiesta popular y gratuita como no ocurre en otros lugares, y que oficia como catarsis colectiva irreverente.
En tiempos de explosión tecnológica, una de las comunidades más tradicionales de Brasil, supo consolidar lo popular del carnaval, inventando los ahora famosos Trío Eléctrico, típica de Bahía. En Rivera, con su característica intuición histórica, y buscando revitalizar el carnaval fronterizo, adoptó el trío eléctrico profundizando el sentido popular de la festividad.
Todos los proyectos anteriores, como el carnaval internacional, la profesionalización de los personajes carnavalescos, idealización de los costosos vestuarios propios de carnavales foráneos mercantilizados, la exaltación de la frivolidad, etc. han fracasado o en el mejor de los casos, no han concitado la atención del pueblo, primero por razones económicas concretas, y en segundo lugar, por no representar instrumentos del tipo de fiestas que requiere el universo colectivo.
Si consideramos las miles de personas, que en los últimos carnavales, fervorosamente compartieron la iniciativa del trío eléctrico, no cabe dudas que es porque oficia de gran catarsis colectiva, permitiendo que durante dos o tres horas, miles de personas bailen, salten, rían y canten en la calle, en el centro de la ciudad, estimulados por la música y el sonido electrónico altamente tecnificado. Hombres y mujeres; adultos, niños y jóvenes, sin distinción de clase social o ideas, con el solo requisito de querer hacer, se sacan el herrumbre del cuerpo y del alma, libremente, en nuestra principal avenida, así como en los principales escenarios del interior departamental.
Estos fenómenos se lograban, en el famoso carnaval de antaño, con los corsos de agua, los tablados de barrio, las fiestas de las mascaritas, los cabezudos, así como esa confluencia de música y danza de los más dispares orígenes. El candombe afroamericano, el samba brasileño, el canto crítico de las murgas recreando las melodías más populares del año; y las marchas de carnaval tradicionales de las fiestas europeas importadas a la región por los inmigrantes canarios, alemanes y franceses.
En tiempos como los actuales, de consumismo compulsivo y estresante; de acentuado individualismo creador de tensiones en todos los niveles de la existencia, el Carnaval es una fiesta popular, colectiva y fraterna, donde ocurre no solo la purificaciones de las pasiones mediante la emoción artística, sino que se abre un proceso de liberalización, del interior profundo de la vida, la conciencia y el alma, de aquellos hechos y situaciones traumatizantes que condicionan necesariamente la existencia de las personas, las familias y por supuesto la sociedad en su conjunto.
Estudiar, sociológicamente, el fenómeno del carnaval es un capítulo revelador de aquellas tendencias profundas y quizás heterodoxas apuntando a la reconstrucción sobre valores humanos esenciales de un entramado social fracturado y en crisis.